Pero el tiempo se esfumó, con él la ilusión y la esperanza, en ocasiones en medio del desasosiego. Al final desgarraste el colchón, las telarañas se agolparon delate de tus ojos, el ruido regresó a una mente que no controlas.
Y la suerte te dejó de lado, ya nada te acompaña, ni la gente, ni la sonrisa, ni la luz. Corres, huyes, escapas de ti mismo, de tus miedos. Te abandonas, te vuelves a meter en esa agenda vacía intentando rescatar qué olvidaste.
Una vez la tormenta termine no recordarás cómo lo lograste, como sobreviviste.
Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente.
Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tempestad, no serás la misma persona que entró en ella…
De eso se trata la tormenta.

