¡Hola mundo!

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¨Missions¨

Tratar de explicar las sensaciones vividas al realizar este trabajo me ocuparía un espacio tan largo como la distancia que existe entre los países que recorrí.

Transité  entre diversas culturas, tratando de hilvanar la filosofía y la tragedia, la vocación y el altruismo.

Cada país encierra un entresijo diferente como es natural, pero todos confluyen en un espacio gubernamental y político, despieadado, cruel e injusto.

Desde India hasta Tailandia, pasando por Mali y continuando en Haití. No pude  excusar al violento e inhumano sistema social instaurado.

La gratitud de conocer a los Misioneros que batallan a diario por una causa justa ignorada por la sociedad. Estoy obligado a poner nombre a las personas que por su vocación hacen lo posible de lo imposible, lejos de pretender la portada de las revistas.

La Hermana Isaura y Chelo con la congragación de Baan Marinas en Tailandia, el Padre Manolo Gallego en África, junto a las Hermanas Antonia y Menxu entre otros. El trabajo inconmensurable de los Padres Victor Pizzolti y Everardo Arrellano, sin olvidarnos del Padre Félix Santana, todos ellos paliando el desastre  Haitiano y de los lugares más miserables que el hombre y sus políticas hayan podido construir.    Estos son los protagonistas de esta  historia, misioneros incansables desprovistos de acervos y cargados de hazañas y conquistas.

La traducción de Missions  es como el canto de Bob Marley; -"Mientras hayan hombres de primera y segunda categoría, yo seguiré gritando guerra.". O darle forma fotográfica a la frase de Federico García Lorca: - "El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.". Más allá de asignar un comentario me atrevería a ilustrar la frese de Martin L. King: - "Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano."

Missions trata de aportar luz a la proeza, al incansable que trabaja por una causa justa eludiendo al lucro, señas de identidad propias del misionero, y que yo por las experiencias obtenidas abalo.

Valió la pena resistir el hedor insoportable de aquel hospital  en Puerto Príncipe, lugar donde la muerte la encuentras por falta de antibióticos y asistencia médica. Donde se aportó más 4.000 millones de dólares y que  las ruinas han hecho  un recinto macabro y morada de las ratas.

Valió la pena recorrer los abruptos caminos por la selva de Tailandia, gestando   un documento sobre la interrupción de los flujos de las niñas a la prostitución en Bangkok por las mafias.

Me resultó  valioso sufrir las inclemencias de África para fotografiar la tragedia de los niños de la calle en Bamako.

Todavía, al visualizar las imágenes, se me hace presente el terrible olor a vómitos y orines del orfanato de discapacitados en Haití sacudiéndome con violencia.

Mi presencia despertó en aquellos indómitos lugares olvidados un halo de ilusión entre sus habitantes y misioneros.

Como diría Nietzsche: - La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte.

m.márquez

 

 

 

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