Belchite

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Mantente firme, que no pudieron los morteros ni obuses adueñarse de tu tierra.

No te derrumbes jamás, que podamos contemplar las huellas de los que te quisieron enterrar.

Todavía huele a campo tus entrañas, y en el viento el  quejido de los que cayeron en tus calles.

Mantente perpetuo, soporta sin más, resiste al tiempo como lo hiciste en la batalla.

Conserva en tus adoquines el espíritu del campesino, del ganadero que un día contigo vivieron en paz.

La caja mágica que fecunda imágenes…

Igual puedo si por el angular lo intento, la veo cerca, palpable, un tanto distorsionada pero inmediatamente a mí la siento, pero hay demasiada  profundidad y eso no pretendo.

Destapo el cincuenta, fiel reproductor de imágenes puras, y sigue ahí, cerca, pero menos…

Cierro los ojos, aislamiento para espectros e interpretación animada… ¿o no?

No me importa, hoy concibo curiosidad por la disyuntiva propia del aventurero de emociones, a fin de cuentas es el riesgo, en ocasiones tendente a lo abrupto.

Inverosímil, sin mecánica, desprovista de todo pero eficaz.

Esa caja estanca que asociaba y jugueteaba con dos leyes naturales incompatibles, luz y oscuridad.

Curioseo y me adentro un poco más, me cautiva la sencillez de su estructura, la rigidez en sus líneas. Hoy nada es lo mismo, materiales livianos, mecánica sofisticada, electrónica  de vanguardia, pulidos cristales cóncavos convexos, tan digno el orificio que alteraba el yoduro sobre el papel. 

Dispuse en silencio la Leica, es más silenciosa, más sutil. Calculé la luz con el alma, tenía todo el tiempo del mundo para simbolizar el culto del fotógrafo cuando compone, cuando siente, cuando suspira… Siempre quise fotografiar  la aventura, el drama denso o liviano.

Siempre quise documentar  la historia, las lágrimas de pena y dolor, y las que son por felicidad, las victorias y las derrotas.

Rescaté de los baúles olvidados el ¨Zeiss¨, lo limpié a conciencia. Tiene que salir nítida, busco el tiempo, me recreo en cada milímetro tratando de interpretar todo lo que observo. Veo invertida de flujo, apuro a sangre.

 Altero el barniz a golpe de reloj, y en la habitación resuena los chasquidos del tic-tac entre la luz inactínica.

Está en fase de revelado, por mis cubetas la imagen se asienta con fuerza, la luz roja la hace más sofisticada, las sombras adoptan el mismo tono, la misma intensidad.

Le doy más tiempo, parece que la sobreexpongo, ¿será que ando descubriendo un nuevo arte?...

Las pinzas sujetan el baritado, hoy no se caerá.

Mi cabeza se inclina, derecha izquierda, lento sigo observando…

Fijo la imagen, sigue ahí, no es magia, es química lógica aplicada.

Cinco minutos para lavar y quedó entre ´Cyula Haláz y Mann Ray.  Me niego, esta técnica es improvisada, este arte no tiene nombre ni referencia, no lo tengo en cuenta, es único.

No soy excéntrico, tan solo fluyo…

Pasó el tiempo y paso del espacio. Me magnetiza verla ahí inerte, tan solo dos reflejos, Belchite viejo y el de las almas que allí vivieron.

Tengo prohibido fumar, prefiero el olor del ¨Agfa agepon¨ impregnado en mis manos, no la voy a contaminar, tiene que permanecer nítida en el papel y en mi pensamiento.

 

 

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